Pavel Oyarzún, escritor magallánico: “Con la poesía podía ir y venir en el tiempo. Hacerlas de vengador, de cronista; hacer crónica roja y negra”

Pavel Oyarzún Díaz (Punta Arenas, 1963) ha venido a hablar una vez más “por la boca de los muertos”, los que miserablemente cayeron en las tierras de Magallanes, y que en su poesía y obra narrativa se ven envueltos Pavel 2entre tantas infamias, abusos y brutalidades. Él ha querido infundirles voz no sólo para denunciar, sino también para restituir, para vengar, para alejar al olvido que deja impune una historia bañada con sangre. De este modo, la obra de Pavel Oyarzún Díaz va dirigida a la recuperación y a la revaloración de toda una historia, de toda una identidad, ligada a un mundo que por ser austral para muchos resulta desconocido, pero que a fin de cuentas, no deja de hablar de todos nosotros.

Autor de ya reconocidas novelas como El paso del diablo (2004) y Barragán (2009), Nadar Ediciones ha publicado ahora una antología que recoge gran parte de su obra poética comprendida entre 1989 y el 2004, titulada Palabras abren sepulcros. Por medio de un lenguaje sombrío, pero colmado de entereza, enseña allí la maquinaria de crueldades que inauguraron la era capitalista de la Patagonia, cuyos orígenes están en las matanzas de las sociedades indígenas locales, y su pináculo en la explotación y persecución de los trabajadores de las estancias ovejeras.

NADAR. – ¿Qué podrías decirnos sobre tu niñez y estudios en Magallanes? ¿Qué recuerdos tienes sobre tu hogar y ciudad?

PAVEL.- Mi niñez fue bastante movida; quiero decir, que me crié en una familia militante, por lo tanto recuerdo los años del gobierno de Salvador Allende. Mis hermanos y yo éramos, Pioneros Comunistas, con pañoleta roja y todo. Luego, el Golpe. El antes y el después, en mitad de la infancia. Allanamientos, detenciones, cárcel, exilio. Padres y abuelos rojos. De hecho, mi abuelo, Santiago, era de aquellos que apoyaron a Salvador Allende en su primera campaña presidencial, el 52. Pero todo eso que pudiera parecer dramático – de hecho lo era – para nosotros era una suerte de orgullo secreto, que luego afloraría, en la los años 80, con la política de Rebelión Popular. En fin, rojos al cubo. Y entre bambalinas, charlas y sobremesas familiares. Hambre de libros. Lecturas. Hacíamos girar la realidad, como un trompo. En cuanto a estudios: escuela y liceo fiscales. Más tarde, la Universidad de Magallanes. Me titulé de profesor primario, oficio que ejercí durante cinco años. Lo justo. Ahora bien, la ciudad, primero, fue una pequeña pampa nevada, y trineos. Luego, una calle recién abierta. Después, calles desiertas, toque de queda, con milicos, en la esquina. Y con el paso de algunos años, era un plano, con calles y avenidas estratégicas, para cortarlas con barricadas, o lenguas de fuego. Con un tendido eléctrico, ideal para los “cadenazos”.

Eso, en cuanto al ámbito komsomol, por llamarlo así. Los otros ámbitos, más personales o íntimos, ocuparían otras palabras y recuerdos. Pero creo que con esto basta, por ahora. Stop.

N.- ¿Por qué comenzaste a escribir?

P.- Debido a mis primeras lecturas atentas; me refiero a forma y contenido. Las primeras lecturas: mitología griega, con sus personajes desmesurados, y marcados por la grandeza o la derrota, por el castigo, por la sobrevida, por la vendetta. Luego, los relatos de Manuel Rojas, Francisco Coloane, Ray Bradbury. Los poemas de Neruda. También las canciones de Violeta, Víctor Jara, Joan Manuel Serrat, Sui Generis. Esto, por sólo citar a algunos, más el haber vivido en la bisagra del 11 de septiembre, del 73; en fin, un buen cóctel, un cambalache, pero de los buenos y dramáticos. Entonces escribí mis primeros poemas, en un cuaderno escolar que se extravió hace un siglo, por fortuna.

Portada-Pavel150dpiN.- Felipe Barragán, a quién está dedicada tu primera obra de poesía (La cacería, 1989) también protagoniza tu novela Barragán (2009). ¿Podrías hablarnos sobre ese personaje y explicarnos de qué modo te identificas con él?

P.- Cuando dediqué mi libro, La Cacería, a la memoria muerta de Felipe Barragán, el insurgente que ya no vuelve (textual) ni siquiera imaginaba que 20 años después sería el protagonista de mi tercera novela publicada (Lom Ediciones). Es más, ni siquiera aventuraba que llegaría a escribir otra cosa que no fuera poemas. Me creía un poeta cien por cien. Pero llegué a la novela. Y el nombre de Felipe Barragán resurgió. Esta vez quise escribir su historia, o inventarla, sostenido en unos cuantos retazos de información. Felipe Barragán, para la historia oficial de Magallanes jamás existió. Sin embargo, José Perich Slater, en su libro, Extinción indígena en la Patagonia (1985), le dedica un capítulo. En síntesis, habla de un mestizo tehuelche (hijo del teniente de la Armada de Chile, Tomás Barragán y Kalia, hija del cacique tehuelche, Centurión), nacido en Punta Arenas. Existe una fotografía de Felipe, como estudiante del colegio salesiano, en 1853. Incluso Perich consigna un cruce de cartas entre José Menéndez, potentado magallánico y José Fagnano, jefe de la Iglesia Católica en Magallanes, en aquel entonces, y en donde ambos hablan de un tal “Cacique Felipe”, o “Indio Felipe”. El primero, se refiere a él como un bandido, un salteador de caminos, algo así. El segundo, lo amenaza con descorrer el velo de la libra esterlina (por cada ona muerto, una libra esterlina de pago, para los cazadores de indios). Como sea, Barragán, antes de su leyenda, habría permanecido algunos años en Carmen de Patagones, para luego regresar a Magallanes. Más tarde, como parte de la cuadrilla que levantaría la misión salesiana, La Candelaria, en Tierra del Fuego, década de 1890, comenzaría su acción insurgente, en contra de los intereses de los terratenientes, en la isla. Fue un insurrecto, con hombres bajo su mando. Un guerrillero. Un vengador del pueblo selknam u ona. Bueno, concedámosle a la historia oficial su no existencia. Otorguémosle ese dólar, esa libra esterlina. Sin embargo, yo creo que sí existió. Por lo menos, en mi novela existe.

N.-Tu poesía habla del devenir de la sociedad. En tus versos se halla una especie de síntesis entre historia y poesía. ¿Por qué decidiste trabajar con ella, y no con la historiografía, para relatarnos el pasado de Magallanes? ¿Es rol del poeta ante todo ser una voz política?

“La F.O.M fue un prodigio, un diamante de la Clase Obrera en Magallanes. Hoy por hoy, tras décadas de lucha, todavía pervive de ella una flama digna, pero no en la precaria organización obrera actual, sino en otros ámbitos; en el trabajo musical y textual de Lluvia Ácida, o en los cómics del “Chico” Alegría. Enhorabuena por los obreros del 20, los huelguistas, los rebeldes”.

La F.O.M fue un prodigio, un diamante de la Clase Obrera en Magallanes. Hoy por hoy, tras décadas de lucha, todavía pervive de ella una flama digna, pero no en la precaria organización obrera actual, sino en otros ámbitos; en el trabajo musical y textual de Lluvia Ácida, o en los cómics del “Chico” Alegría. Enhorabuena por los obreros del 20, los huelguistas, los rebeldes.

P.-Elegí la poesía porque era el lenguaje que tenía más a mano. Además, porque era el lenguaje que se me antojaba. Con él, podía ir y venir en el Tiempo. Hacerlas de vengador, de cronista; hacer crónica roja y negra. Darme ciertos lujos, como hablar por la boca de los muertos. Traerlos a escena, agujereados de balazos, o muertos de hambre. Quise ser un aguafiestas, un convidado de piedra. Había demasiada historiografía de salón, de cuento de hadas, un exceso de señoritos y señoronas, de prohombres: la cara de una moneda, siempre tiene un reverso, como la Luna. Y no fui el primero, antes está el poema, Selknam, de Rolando Cárdenas, y el libro, De la Tierra sin Fuegos (1986), de Juan Pablo Riveros.

Ahora, la voz de un poeta siempre será política, incluso la de quien pretenda ser un poeta apolítico. Ése es el más político de todos.

N.- -Los indígenas que habitaban la actual región de Magallanes estaban al margen de toda consideración social; fueron famosos los individuos raptados por comerciantes europeos que terminaron sus días en sórdidos circos humanos que deambulaban por Europa. Por otro lado, los obreros que querían revertir su denigrante situación social, y que como tú mismo escribes “quisieron alcanzar el sol con sus manos”, tuvieron que enfrentarse a los ejércitos nacionales para obtener sus demandas. ¿Cómo podrías describir la participación del Estado en estos acontecimientos?

P.-Primero, habría que hablar del imperio de un Estado Burgués, caucásico y cristiano, por añadidura; es decir, al servicio de esta Clase. Por lo tanto, su desprecio por los pueblos originarios es absolutamente consecuente con su ideología, con su estirpe. Toda forma de cultura, de organización social, como la de un pueblo originario, le resulta insufrible, insoportable, a la hora de tomar posesión de la tierra, y del mar. En otras palabras, la tierra, el territorio, no es para vivir o pervivir, sino para obtener divisas, dinero contante y sonante. Eso ocurrió con los pueblos originarios de Patagonia y Tierra del Fuego: en cinco décadas, o sea, un segundo, fueron borrados del mapa. Tal cual. De igual modo actuó, este Estado, frente a la organización obrera, la F.O.M. (Federación Obrera de Magallanes). El tiro de gracia lo dieron el 27 de julio de 1920, con el asalto e incendio del local de la FOM. Luego le siguieron persecuciones y “fondeamientos”, en aguas del estrecho de Magallanes. Aquella madrugada se coligaron tropas del Batallón Magallanes, policías, de uniforme y de civil, guardias blancas, y esbirros de toda laya. Pero a pesar de este final abrupto y mortífero, puedo afirmar, sin riesgo de equivocarme, que la F.O.M. ha sido, con la largueza, la mayor organización obrera que ha existido en la historia de Magallanes. Una Federación dirigida por anarco-sindicalistas, como Dios manda. Esto último es un decir, claro. Pero se entiende, ¿o no?

N.- Siguiendo con la F.O.M, el movimiento obrero magallánico fue a todas luces excepciona; allí gran parte de los trabajadores de la Patagonia se organizaron casi completamente ajenos a todo poder centralizador, proveniente de Santiago o del Estado en general. ¿De qué forma el recuerdo de La F.O.M está presente en la actual sociedad magallánica?

P.-Apenas un dato: en 1915 o 1916, la F.O.M. contaba con cerca de 9.000 afiliados. Tenía la capacidad de sostener una huelga general, por un lapso de seis meses. En su local de Punta Arenas, se realizaban conferencias y obras de teatro. Contaba con una biblioteca pública, y un periódico oficial, el diario, El Trabajo (1911-1924), heredero de por lo menos diez publicaciones obreras precursoras. Por ejemplo, en 1916, Luis Emilio Recabarren, en su salón principal, realizó un ciclo de dos charlas diarias. También estuvo allí, Belén de Zárraga. Había, entre aquellas paredes proletarias, consignas, lecturas, charlas, teatro, poesía. La F.O.M. fue un prodigio, un diamante de la Clase Obrera en Magallanes, por decirlo así. Hoy por hoy, tras décadas de lucha popular, los tres años de gobierno del presidente Allende, Golpe de Estado, dictadura, y gobiernos de la Concertación a cuestas, de aquel recuerdo lejano de la F.O.M. todavía pervive un flama digna, donde las haya, pero no en la precaria organización sindical actual, sino en otros ámbitos; por ejemplo, en el trabajo musical y textual de Lluvia Ácida, o en los cómics del “Chico” Alegría. También, por cierto, en el trabajo e investigación de Carlos Vega Delgado (La Masacre de la Federación Obrera de Magallanes, Ediciones Atelí, Punta Arenas, 1998). Enhorabuena por los obreros del 20, los huelguistas, los rebeldes.

N.- ¿Cómo podrías describir el actual panorama literario de la región de Magallanes?

P.-A partir del mes de junio de este año, en la Universidad de Magallanes, y por iniciativa de mi amigo y escritor, Óscar Barrientos Bradasic (Premio Julio Cortázar, Cuba, 2015) dirijo un taller literario. No es el primero que dirijo. De hecho, con el mismo Óscar, ya nos habíamos lanzado al ruedo de los talleres de escritura, años antes. De aquellas y, en particular, de esta experiencia, puedo asegurar que la literatura, en Magallanes, tiene escritores, escritoras, y poetas jóvenes de gran valor. Autores subversivos, callejeros, iconoclastas, pandilleros, románticos, defenestrados. Autores suicidas, en el sentido literario del término, que para mí es el más valioso. Ojalá que arrasen con nosotros, que nos pulvericen. Aclaro que en esto, en su mérito, el o los talleres literarios, no tienen ninguna incumbencia. Ellas y ellos, ya venían con una 9 mm. en la mano. Que nadie les enseñó a disparar. Que nacieron sabiéndolo.

N.-   Como palabras finales, en tu obra In Memoriam (2002), entre otros escritores, recuerdas a Vicente Huidobro, Enrique Linh y Jorge Telllier. ¿Brevemente, qué palabras podrías entregarnos sobre estos poetas?

P.- Huidobro, el primer gran poeta que descubrí, después de Neruda, y a pesar de Neruda. Qué puedo decir de él. Burgués y genial. Genial y perdido. Quizás, decir que la diversión no dura para siempre, como todo; pero que vale pena, porque entre el divertimento y la muerte, media un poema como, Éramos los elegidos del sol. Nada más. Nada menos. De Enrique Lihn, todavía no me atrevo a hablar de él, con propiedad ni aplomo, fuera de aquel poema que escribí, en su memoria. Apenas un roce. Todavía no puedo fijarlo en el punto mira. Se mueve mucho. Aun después de muerto. De rematado. Usted me entiende, ¿verdad? Y, finalmente, decir algo de Jorge Teillier; bueno, que fue un poeta hasta el día de su muerte, y agregar que nunca quiso ser otra cosa. Ni santo, ni profeta, ni poderoso. Mis respetos para él.

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Nadar Ediciones
Nadar Ediciones es una editorial independiente chilena enfocada a la Filosofía, Antropología, Geografía, Educación y Literatura.

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