Loreto Contreras y su libro “Cerrado por fuera”: Un hastío que sólo se puede resolver hurgueteando en lo subterráneo

Nadar Ediciones se presenta a la Furia del Libro con novedades. Próximos al solticio, el tercer día de diciembre del año 2017 tenemos el agrado de presentar el tercer título de la colección Nadar Contracorrientes Narrativa: Cerrado por fuera, de Loreto Contreras Godoy (1988), quien comienza su trayectoria literaria con esta su primer obra. Es licenciada y magíster de literatura hispánica de la Universidad de Chile y se desempeña como docente en la escuela Pukalän del litoral central.

En CERRADO POR FUERA, Loreto recluye en los barrotes de la narración un conjunto de personajes y obsesiones que atraviesan la obra como un hambre e insatisfacción visceral que la llevan por la senda de atormentados personajes, que cual demonios personales y conflictos existenciales marcan la juventud, maduración y muerte de un mundo narrativo, que comienza de manera fabulosa, personificando descomunales seres, para ir cuento a cuento desarrollándose por medio de diálogos simbólicos, donde el absurdo y la desazón construyen escenas tragicómicas.

CERRADO POR FUERA, es el esfuerzo literario y artístico por desestabilizar la normalización de la mirada, sacudir el acomodo a la costumbre para enfrentarse lo inusual, anormal y monstruoso de la vida de estos personajes que interpelan al lector con la incertidumbre y el desengaño, la inmanencia de la catástrofe y la derrota innegable de una mancha que se restriega, gasta y disgrega en la conformación de un imaginario fabuloso.

Aprovechando la instancia, realizamos algunas preguntas a Loreto con el propósito de saber más sobre la obra, su proceso de creación y las proyecciones literarias como autora.

Comencemos por lo primero ¿Desde  cuando escribes y por qué comenzaste a escribir?

Escribo desde los doce años. Empecé escribiendo poemas sobre todo porque me gustaba la música y como no sabía componer canciones, escribía las letras. Después me di cuenta que a eso que hacía se le podía llamar poemas y me declaré poeta. Pero la verdad es que mis poemas eran malos, porque todo rimaba y trataba de hablar de experiencias que no conocía como si me hubiesen pasado. Por eso creo que otras de las razones por las que escribía era porque me aburría mucho y trataba de hacer más excitante mi vida.

¿Qué títulos te marcaron como lectora y qué autores consideras han influenciado tu obra?

El primer libro que me encantó con la narrativa fue “Los diez negritos” de Agatha Christie. No es de mis libros favoritos, ni se acerca a serlo, pero cuando lo leí (más o menos a la misma edad en que empecé a escribir) me impresionó mucho como dosificaba la información de manera que el misterio se revelaba lentamente, pues esa misma dosificación le daba razón de existencia al misterio mismo. Ahí descubrí el poder de la narración.

Luego me engullí la trilogía de “El señor de los anillos” unas tres veces. No los volvería a leer ahora, pero cuando era adolescente creo que la ansiedad por repetir la experiencia de estar viviendo esa fantasía, rigurosamente descrita por Tolkien, era tan fuerte que no podía parar de leerlos.

Finalmente, luego de una larga travesía como lectora, los autores que se convirtieron en mi mayor inspiración fueron Lewis Carrol, William Faulkner, José Donoso y Violeta Parra. También el cine de Glauber Rocha que me voló la cabeza hace unos siete años y que me dio mucho material para escribir algunos de estos cuentos y, una de mis últimas influencias, el escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, el gran verborreico.

Tu primer libro de cuentos, “Cerrado por fuera” contiene diferentes personajes muy peculiares e interesantes; Jaime, Clara y Contreras, tanto como escenas grotescas y fabulosas; La paraguas y su hombre, Shi Bonshik, por decir lo menos, cuéntanos por qué se titula Cerrado por fuera y qué inspira la creación de estos seres y mundos tan disímiles?

Creo que la diversidad se debe a mi incapacidad de seguirles la pista por mucho rato a los personajes. No podría convertir estos cuentos en novelas. Se me hace más fácil hacer escenas o momentos de sus vidas y dejarlos ahí. Se me hace como un edificio más o menos alto, como el de la portada del libro que ilustró Fernanda González, en el que uno se queda un rato pegado mirando hacia adentro por la ventana de la pieza de Patricia, haciendo un acercamiento se ve que  dentro del ojo de Patricia está Shi-Bonshik. Después en la ventana de al lado te quedas un ratito sapeando a Jaime; en el piso de arriba se puede observar a Clara y a sus primos; más arriba (casi llegando al cielo) está el infortunio de Contreras y en el subsuelo, por supuesto, la Paraguas y su hombre.

En fin, un edificio que está cerrado por fuera, porque por fuera se lo puede observar. Como se observan los mundos de fantasías, mundos a los que si uno quiere entrar debe hacerlo a condición de perder tu identidad, construyéndote un avatar, dejando la puerta del mundo que se abandona bien cerrada.

 ¿Qué motivos consideras que inspiran tu narrativa?

Creo que el primer motivo ya lo mencioné más arriba y lo vuelvo a repetir porque para mí es fundamental: el aburrimiento o más bien el hastío a lo Baudelaire. Un hastío que sólo se puede resolver hurgueteando en lo subterráneo. Por eso me gusta tanto Violeta Parra, porque ella pone su hogar en todas aquellas experiencias, ideas y emociones que para el sentido común (aunque el sentido común pueda ser una categoría muy abstracta) deben ser evadidas y ojalá nunca llegaran a ocurrirnos. Hay que aclarar que el sentido común que menciono no es otro que el que puede reinar en el sistema neoliberal, sistema muy fome por lo demás, pues produce cine fome (películas cuya variación es tan mínima que parece que nos están tomando el pelo), literatura fome (libros que nos hacen creer que somos especiales cuando en realidad nos están produciendo como en un fábrica de vienesas), pasatiempos fomes (ir al mall a langüetear vitrinas como dice mi mamá) y así podría seguir, pero es tan fome enumerarlos todos que me da lata.

Además, escribo porque me gusta leer.

Este título es un libro cuentos ilustrados, cuéntanos, quién es la ilustradora y que te llevó a tomar la decisión de ilustrarlos.

Fernanda González es mi amiga desde que tengo cinco años y hemos planeado muchos proyectos juntas, creo que este es el primero que se concreta. La elegí como ilustradora porque sabía que podría leer visualmente estos relatos y darles algo de carne y así fue. Mi convicción partió especialmente a partir de  los trabajos que tímidamente ha desarrollado como dibujante autodidacta y ahora con la materialidad audiovisual como estudiante de cine documental. Creo que tiene una gran habilidad con el lenguaje visual porque es una gran intérprete de lo que percibe.

Por otro lado, la decisión de ilustrarlos se dio porque quería un poco de carne para los personajes. Uno de mis libros favoritos “Alicia en el país de las maravillas” me enseñó que los libros de personajes raros pueden leerse bien si un dibujo los realiza sin perder su aire de irrealidad. No sé si me explico. Lo voy a poner así: una foto es demasiada determinación, un dibujo en cambio mantiene el aura ficticia, pero al mismo tiempo le da un sutil latido.

Por último, ¿cómo invitarías a nuevos lectores a conocer tu obra y saber si actualmente trabajas en nuevos proyectos literarios?

Los invito que se asomen a echarle una loreaita a estos personajes. No quiero prometer ninguna experiencia de antemano, pero creo que si les gustan las rarezas podrán disfrutarlo.

Tengo abiertos hartos proyectos. Pero a los que les estoy dedicando mayor atención son dos. El primero y más importante es una misa humana, que sigue la estructura del ritual religioso, porque me parece que el trance colectivo es una experiencia estética de la que urgimos en estos tiempos, pero no con carácter teológico, sino desde la celebración vitalista y el entusiasmo del pesimismo (entusiasta en el sentido de que es nuestro). Además escribo un relato sobre un personaje que vive en el sur de Chile, entremedio de unos cerros y del cual no puedo decir mucho más.

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Nadar Ediciones
Nadar Ediciones es una editorial independiente chilena enfocada a la Filosofía, Antropología, Geografía, Educación y Literatura.

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