Gustavo Solórzano-Alfaro, poeta costarricense: “No renunciar jamás al ritmo y a la musicalidad como elementos constitutivos ineludibles en la poesía”

Esta semana comienza a circular Nadie que esté feliz escribe, conjunto de 40 poemas del escritor costarricense Gustavo Solórzano-Alfaro (1975) que se instala como el tercer volumen de la colección Nadar Contracorriente – Poesía.

Nadie que esté feliz escribe es su nuevo libro de poesía. Inventarios mínimos, de 2013, es la obra que antecede, a la que se suma su ensayo La herida oculta. Del amor y la poesía. Una lectura del poema “Carta de creencia”, de Octavio Paz (2009) y la antología Retratos de una generación imposible. Muestra de 10 poetas costarricenses y 21 años de su poesía: 1990-2010 (2010), todos publicados por la Editorial de la Universidad Estatal Nacional a Distancia (EUNED), casa editora con quienes Nadar Ediciones co-editó La lógica de la nostalgia (imperial). Literatura y política en el siglo XX (2015), del profesor Rodrigo Quesada Monge, libro donde Gustavo participó como editor.

Hablamos, por ende, de un hombre inmerso en el mundo de las palabras e involucrado con ellas desde varios ángulos. De hecho, gracias a sus estudios en filología española y literatura latinoamericana, se desempeña como editor en UNED y ha sido profesor de teoría literaria en la Universidad de Costa Rica (UCR). Vive en Alajuela, lugar que también está retratado en su nuevo libro, y administra su blog sobre literatura  www.gustavosolorzanoalfaro.com, donde publica comentarios y críticas literarias, y que por supuesto recomendamos visitar.

Aprovechando la instancia, hicimos algunas preguntas que nos surgieron a propósito de la lectura de sus libros y los nuevos caminos que Nadie que esté feliz escribe, tanto para quienes se enfrenten a la experiencia de leerlo, como para él mismo como escritor.

Gustavo, antes de adentrarnos en los poemas mismos, sería interesante partir por la acotación que realiza Carlos Cortés sobre tu libro, a saber, que constituye un ejercicio de honestidad, un gesto de resistencia ante nuestros días de “máscaras e imposturas” asumiendo las consecuencias de esto. Ahora que Nadie que esté feliz escribe comienza a circular, ¿cómo vislumbras estas consecuencias?

Primero que todo quisiera empezar por agradecer a Nadar Ediciones por haberse apuntado a esta aventura. Que una editorial, en un país como Chile, con una historia literaria tan amplia y rica, decida acoger un proyector tuyo solo habla de una generosidad impagable, y me llena de confianza respecto a las eventuales bondades del  libro.

Ahora, según lo que apuntás, esas posibles “consecuencias” de las que habla Carlos en el texto de contracubierta las vislumbro quizá con un exceso de optimismo. Creo que el libro se toma sus riesgos, no solo en la variedad de formas, sino en los temas y en los tonos. Estoy consciente de que es un texto que apuesta por jugar con registros distintos, pero esa es su fortaleza, o al menos parte de ella; esa posibilidad múltiple de abordar problemas o ideas con ángulos de visión inusuales. Y además es un libro que intenta equilibrar lo solemne y lo ligero, que no teme jugar con algunos elementos poco apreciados.

Sobre esto mismo, ¿cómo interpretas que la reacción de tus primeros lectores y lectoras hayan apuntado a cierto rasgo luminoso? ¿Cuál es esa oscura región donde se dejan ver estas luminarias?

(c) Rebeca Hernández Hasbun

R/ Sí, me llamó la atención que en eso haya ciertas coincidencias. Solo puedo nuevamente sentirme optimista y pensar que eso significa que el libro está bien enfocado, que a lo largo de los 40 poemas que lo componen hay solidez. El título de inmediato te enfrenta con el cliché: “Si nadie que esté feliz escribe, y vos escribiste este libro, significa que no estás feliz, y claro, los artistas deben ser infelices para poder crear, ¿no?” Hay ahí dos mitos que no comparto, al menos del todo: uno, que quien habla en los textos es el autor, y que además dice “la realidad”; y el otro, que ese autor vive desgraciadamente y escribe sobre sus desgracias. Intento en este poemario romper con ambas ideas. Hay un elemento irónico muy presente. Y eso me permite relajarme, y que esa voz que habla en los poemas se relaje, y acepte la vida con sus dosis de amargura y con sus dosis de felicidad. El hablante convive con su esposa y conversa con ella y se hace preguntas y se enfrenta a problemas y simplemente vive. Tanto así que parte de su alegato tiene que ver con esa dicotomía vida / escritura, con un deseo de alejarse del mundo para poder crear, hasta que llega a otras revelaciones. En fin, no sé, creo que esas “luminarias” tienen que ver con que el libro ofrece poemas de amor, que es un ámbito bien complicado de trabajar en nuestros días, y eso es parte del riesgo. Como dice uno de los textos, hay una búsqueda por encontrarle nuevas formas al amor, ese “chunche viejo de la poesía”.

Nadie que esté feliz escribe se curtió entre los años 2011 a 2017. Antes de ello, tuvimos suerte de leer “Inventarios mínimos” (EUNED, 2013), obra que construye su recorrido a través de espacios cotidianos en constante movimiento. ¿Cómo ves la transformación de dicho espacio entre ambas obras? ¿Cómo se ha ido definiendo el campo donde se anuncia tu voz poética?

R/ Inventarios mínimos fue mi intento de romper con cierta estética excesivamente rebuscada. En ese libro abrazo el discurso coloquial con más fuerza. Los diferentes espacios que mencionás son el recorrido del hablante, desde su infancia (en el patio familiar o escolar) hasta su adultez (en la ciudad como ámbito de convivencia), y en el medio sus reflexiones y conflictos, dentro de los cuales está también su relación de pareja y sus ideas sobre escribir. Creo que ahí es donde hay un entronque temático que continúa en este libro. Si queremos repetir la fábula, diremos que es la misma persona, quien ahora nos habla de algo más específico, o más madurado, y lo hace con más propiedad, también. Entre aquel libro y este he ido depurando mi estilo, para lograr conjugar lo solemne con lo ligero, como dije antes, y para no renunciar jamás al ritmo y a la musicalidad como elementos constitutivos ineludibles en la poesía. Inventarios fue una transición y Nadie una consolidación.

En 2010 publicaste Retratos de una generación imposible (EUNED, 2010), una muestra de 10 poetas costarricenses que van desde 1990 a 2010. Estos 21 años de poesía tica no son vistos desde la aureola de una generación ni tampoco reunidos en el sentido de la “antología”, guiadas generalmente por el prisma de “lo mejor de”, sino más bien como un ejercicio personal que es impulsado por una cierta nostalgia, cuyo recuerdo era de los talleres poéticos de los 90. Si hacemos un puente, ¿qué posición toma Nadie que esté feliz escribe ante esta nostalgia? ¿Cómo se hace presente este elemento en tu nuevo libro?

R/ Asunto complicado. Cuando armé esa muestra decidí conscientemente dejarme por fuera. Mi forma de “estar” era ser el antologador, precisamente. ¿Por qué razón? Sentía que mi trabajo hasta ese momento no había logrado despegar. El haber formado parte de esa “movida” no era suficiente mérito. Hoy veo a los autores incluidos, y no solo la mayoría ha seguido labrando su carrera literaria con cierta solvencia y reconocimiento, sino que además su estilo de aquellos años se mantiene hoy, sea por una insistencia o porque sus proyectos poéticos datan incluso de esa época. Yo creo haber dado muchos más rodeos para llegar al punto en el que me encuentro hoy (sea el que sea).

Hagamos otro puente. En la lectura que realizas del poema “Carta de creencia” de Octavio Paz, publicada en tu libro La herida oculta. Del amor y la poesía (EUNED, 2009), planteas la idea del amor en tanto suma imposible de contrarios con tendencia al resultado negativo. Esta dualidad es representada en la dinámica sujeto / objeto, propia de los enamorados. En Nadie que esté feliz escribe vuelves a visitar estos lugares, situando una voz poética que deambula en busca de la inspiración para expresar diáfanamente aquel sentimiento amoroso, solo cognoscible en soledad. Entre los ocho años que separan a estos libros, ¿cómo se ha ido figurando esta contradicción, que en el caso de tu nuevo libro se expresa ante el dilema de la felicidad?

R/ Las ideas que rondan en La herida oculta datan de aquellos años 90 de los que acabamos de hablar, cuando estaba empezando, tanto en la literatura como en la universidad. Mucho de lo que sostengo en ese libro no lo diría hoy del mismo modo. Hay ahí mucha influencia del psicoanálisis y del giro lingüístico, “modelos” teóricos que hoy cuestiono más. Pero mirá qué curioso, el titulo de este libro, Nadie que esté feliz escribe, es una frase de uno de mis profesores de aquellos años, de marcado tono psicoanalítico, y por ahí empieza de alguna forma ese alejamiento.

Ahora, hay cosas que se mantienen, pero que ya no circunscribo solamente al discurso poético o al discurso amoroso, sino que las veo presentes en todo acto humano. Son parte fundamental de toda persona que esté viva y desee continuar viviendo: la búsqueda, la aspiración a alcanzar lo imposible, el deseo de superar nuestro estado mortal, y eso está presente en varios de los poemas, como “Para ser leyenda” o “Los poemas de amor son ridículos”. Lo que va aparejado con esa aspiración es la conciencia de que jamás se podrá alcanzar el ideal. Y es ahí, en esa reconciliación, donde está la clave para poder seguir viviendo. En esa aceptación está todo. Ese es el cordón que de alguna manera une aquel ensayo (lírico) y un libro como este, y la verdad no es sino hasta ahora que te contesto esto que me doy cuenta con total claridad.

Hablemos un poco de literatura actual costarricense y centroamericana. El otro día nos preguntábamos con Gladys González sobre la relación que existe entre la creación literaria y los procesos políticos, como lo fueron las irrupciones bélicas, que se llevaron a cabo en Centroamérica. Entre las escritoras y escritores que hemos leído, la presencia de este tópico es poco usual. En El Salvador, por ejemplo, conocemos a Nora Méndez por su obra De seudónimo Clara (Ediciones Libros del Cardo, 2015), donde se entrega un testimonio de la guerrilla urbana en los años 80. Si vamos al plano actual, ¿cómo ves esto en las letras costarricenses? ¿Es un tópico que genere lazos en Centroamérica?

(c) Rebeca Hernández Hasbun

(c) Rebeca Hernández Hasbun

R/ Sin duda la literatura “comprometida”, “política” o “contestataria” ha tenido una enorme presencia en la historia de Centroamérica, y las décadas de los setenta y ochenta no fueron la excepción. Pero aquí debemos señalar dos cosas: esto no es válido para Costa Rica y hoy tampoco ya lo es para los demás países del istmo. Con la primera salvedad, no quisiera reforzar en lo absoluto “el mito de la excepcionalidad costarricense”. Es obvio que la historia de mi país ha sido muy diferente en este aspecto, pero eso no la hace ni mejor ni peor. Es más, si hablamos literariamente, parece que ese ha sido nuestro talón de Aquiles, pues al carecer de importantes conflictos bélicos hemos carecido de manifestaciones literarias paralelas, de gran envergadura. Pero vamos, apenas digo esto me doy cuenta de que eso también puede ser un mito.

El asunto es que los escritores que se empezaron a formar en los 90, y hasta hoy, viven un panorama distinto, y si aún vemos manifestaciones comprometidas, quizá se deba más a la tradición literaria que a conflictos en sí. Estos autores viven otro mundo y otra realidad. Y ahora que mencionabas El Salvador, fue justo ahí donde de boca de autores jóvenes pude entender cómo había cambiado el panorama. Pero vamos de nuevo, cuando ves algunos de los conflictos más recientes, en Honduras o en Guatemala, otra vez podés escuchar a los escritores expresando su descontento desde sus textos o incluso desde trincheras más concretas. Pero en Costa Rica los ejemplos son escasos. Prácticamente toda nuestra tradición se ha movido en otros asuntos.

Cuéntanos de tu impresión de la poesía chilena. Lógicamente, en Costa Rica se escucha el eco de reconocidos poetas del siglo pasado que habitaron estas tierras. Pero, más allá de esto, ¿has tenido la suerte de acercarte a la poesía chilena actual?

R/ Diría que a la literatura chilena, al menos en parte, sí; es decir, tanto a la narrativa como a a la poesía. Conozco a algunos poetas, como Oscar Hahn y Raúl Zurita, o ensayistas, como Martín Cerda, aunque no sé si entran más en esa categoría de “siglo pasado”. Igual pasaría con Bolaño, de loca moda, pero que no me dice mucho. Además, he leído a Enrique Winter, a Alejandro Zambra. La poesía de Rafael Rubio me parece de una fuerza inusitada. Hace poco tuve la oportunidad de conocer a Daniel Calabrese y a Eleonora Finkelstein, que aunque son argentinos, viven en Santiago y ahí realizan su labor literaria y editorial. Conocí también la poesía de Javier Campos. He leído la narrativa de Francisco Ovando. Tuve la suerte de leer la poesía de Gladys González, que además aceptó escribir algunas palabra sobre Nadie que esté feliz escribe. Gracias a Nadar Ediciones, por supuesto, entré en contacto con la poesía de Pavel Oyarzún y de Mario Barahona Saldías. Aquí en Costa Rica, gracias a la editorial Lanzallamas, hemos entrado en contacto con el trabajo de Andrea Jeftanovic o de Lina Meruane.

Finalizando, y para distendernos un poco, cuéntanos de tus últimas lecturas, en qué exploración andas por estos días, y si nos puedes recomendar algún libro.

R/ En los últimos tiempos me hice fan de Mircea Cărtărescu. He leído casi todo lo que se ha traducido al español. Es mi autor favorito actualmente. Y ahora me estoy aficionando mucho a László Krasznahorkai, también. Me gustó mucho el poemario debut de Ocean Voung. He estado leyendo también varios poetas estadounidenses, porque estoy trabajando en un par de proyectos de traducción que espero lleguen a buen puerto. Ya tendré noticias. Y si de recomendar algo se trata, pues nada, tiene que ser algo de Cărtărescu: su novela Lulu, su epopeya El levante o su volumen de prosas El ojo castaño de nuestro amor, para no abrumarlos mucho.


Próximamente, Nadar Ediciones estará informando sobre los eventos y lecturas donde podrás encontrar Nadie que esté feliz escribe.

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Nadar Ediciones
Nadar Ediciones es una editorial independiente chilena enfocada a la Filosofía, Antropología, Geografía, Educación y Literatura.

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