Cómo educa el Estado a tu Hijo

PortadaJBarcos
¡Forja a tu hijo!
Tienes que hacer a tu hijo. ¿Cómo lo harás?
Esta es la cuestión suprema para ti y para los que te rodeamos.

Alberto Masferrer

Desde mucho, pero mucho antes del año 2011, de la revolución pingüina del 2006 o del mochilazo del 2001, las preocupaciones de la sociedad chilena en torno a la educación y sus transformaciones, se han hecho presentes. Y no nos referimos solamente a las reformas estructurales de los gobiernos de turno (universalización de la educación, ENU, municipalización, JEC, etc.), que tiñendo con determinado color las políticas educativas, promueven su visión de mundo en el traspaso generacional de las mismas en los planes, programas y objetivos educacionales, metodologías y estándares, intentando así afianzar un determinado modelo.

Julio Barcos

Julio Barcos

En este contexto de profundas tensiones y debates que inundan los medios de comunicación tanto como las casas de todos aquellos interesados en la coyuntura nacional, Nadar Ediciones desea estar presente, particularmente desde el cuestionamiento que día a día realiza el mundo de la cultura sobre aquellos temas pedagógicos fundamentales para el desarrollo de la sociedad en que vivimos. Por lo tanto, inaugurar, con el presente título, Cómo educa el Estado a tu hijo del docente argentino Julio Ricardo Barcos la Colección Magisterio, honra la tradición de los educadores y educadoras como agentes de la cultura y reflexión socio-política, siguiendo la huella que nos legara la gran maestra de toda la gran América, y prologuista de la obra –en tanto una carta que envía al autor del libro es incorporada como introducción, tal como la segunda edición de 1928: Gabriela Mistral, maestra rural, directora de escuela, encargada por José Vasconcelos, Secretario de Educación del gobierno de México de la reforma educacional y Premio Nobel de Literatura (1945).

Gabriela Mistral

Gabriela Mistral

Así, Nadar Ediciones asume como suya la tarea de aportar con la publicación de aquellos textos fundantes de la teoría y política educativa americana necesarios como insumos en los debates nacionales actuales, más allá de los puntos de encuentro y desencuentros de los bandos en conflicto, como también de la difusión de documentos cuyo valor patrimonial es insustituible en la formación permanente de las maestras y maestros chilenos y de América: la de Barcos y Mistral, pero también, desarrollar un ambicioso proyecto que abarque las más altas obras educacionales y las y los mejores exponentes de la visión pedagógica de nuestro continente, desde el siglo XIX al XXI, proyectando los legados de Sarmiento y Vasconcelos, de los Institutos Pedagógicos de Chile y Venezuela, entre otras cientos de obras individuales y colectivas que nos es imposible de nombrar, y que entroncan con propuestas radicales e innovadoras.

En específico, ¿qué nos puede aportar este libro, escrito en 1927, al contexto actual chileno, año 2015, más allá del epígrafe que marca a fuego todo el texto en cuestión: “Felices los pueblos que no transfieren a sus amos la dirección espiritual de sus hijos”?

Alberto Masferrer

Alberto Masferrer

Al adentrarnos en el texto, nos encontramos con una serie de elementos que muestran la radicalidad de un pensamiento y palabra que, sin ningún tipo de prejuicios ni temores generan puntos de inflexión en la reflexión pedagógica: el niño y niña se pertenecen, y no a las instituciones; los maestros y maestras poco educan, más que nada entregan recetarios o generan una predisposición favorable a la mecanización de instrucciones y su realización sin mucho cuestionamiento; el maestro como un proletario intelectual vacío de sentimiento y razón; el Estado generando dependencias y subordinaciones, que aumentan la burocracia e ineficiencia.

Encontramos una línea coherente de examen que partiendo de los análisis políticos y psicológicos de la educación –la organización social de la escuela, el debate sobre la escuela neutral, la escuela práctica que enseña a trabajar, el debate sobre los derechos de los niños, etc.–, llega a establecer una crítica al Estado en relación al funcionarismo, autoritarismo y libertad de enseñanza, como también en torno a la cultura, los valores individuales, la universidad y los remedios. Enfermedades y remedios que vendrán de los tres elementos que han sido apuntados como culpables por Julio R. Barcos: el gobierno, los padres de familia y el magisterio. Una urgentísima llamada ética a estos tres elementos, para que se hagan responsables de sus acciones:

HEMOS COMPROBADO EL TOTAL FRACASO del Estado como piloto de la cultura nacional.
Desarbolada y averiada nave, sin brújula ni timonel; he ahí la imagen de nuestro régimen educativo.
POLÍTICA se llama al azaroso mar en que navega.
PARASITIMO, la brújula moral que la guía.
DESPOTISMO ESTADUAL, los vientos de impopularidad que la empujan.
RUTINA y SERVIDUMBRE, el limbo espiritual en que se abisma y perece.
Señaladas las calamidades que afectan a nuestra pésima organización de la educación popular, y averiguadas las causas que las determinan corresponde buscarles el remedio.
¿De dónde debe venir este?
¿Del Gobierno?
¿De los padres de familia?
¿Del magisterio?
De los tres, porque los tres son culpables; los tres han sido cómplices en este desastre; y a los tres alcanza la responsabilidad ante la vindicta pública, puesto que ninguno de los tres puede ser relevado del deber de trabajar solidariamente por el progreso incesante de la educación común, sin desperdiciar capacidades inéditas, dejando masas de niños o adultos en la ignorancia. ¡No hay derecho de dejar una sola alma en la barbarie! (p. 223).

Sin embargo, este ensayo quedaría corto en sus exámenes sin el apoyo siempre fresco y directo de grandes filósofos, educadores y escritores de la talla de Alberto Masferrer, con su llamamiento “¡Forja a tu hijo!” para cada padre y madre: “si quieres, no hagas ninguna otra cosa […] a cambio de que nos dejes un hombre”; o Élisée Reclus, y su defensa de la niñez; o Tagore, Alberdi, Wells, Anatole France… todos ellos invocados para ser parte de la gran defensa de la libertad de la educación, que no es otra cosa que la defensa de la cultura y el progreso en beneficio de las niñas y niños, para bien de toda la humanidad. Hablamos de educación para seres libres, no de libertad para emprendimiento, negocio, lucro.

¿Y ahora, en tiempos de reforma educativa, cuando unos y otros pelean por quien tiene la razón?

Este libro es para todas y todos. Julio R. Barcos lo escribió en las primeras décadas del siglo XX, pensando en el pueblo, en la coyuntura… y hoy lo publicamos allende la cordillera pensando en el pueblo y también en la coyuntura: un gesto que viene a significar la siempre presente necesidad de llamar la atención sobre la libertad del pensamiento y la acción, rescatando lo propio de nuestro carácter latinoamericano, sin olvidar por ello lo que nos une como humanidad. Así mismo, llamar la atención sobre la urgencia del momento, en el cual el Estado y los empresarios defienden cada uno sus parcelas de poder, marginando propuestas de colectivos y comunidades: el pueblo al que habló Barcos.
Un texto recomendado, en sus 233 páginas y doce capítulos, para quienes tanto como Barcos y Mistral, desean un pueblo libre.

// Ficha técnica

Autor: Julio Ricardo Barcos
Prologuista: Gabriela Mistral
Fecha de aparición: Septiembre de 2015
Tamaño: 22×14 cms.
Páginas: 236
ISBN: 978-956-9552-03-8

Comments are closed.